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La ‘pantallización’ del mundo

24 mayo, 2012

Una exposición plantea una reflexión sobre la influencia de las pantallas en la sociedad actual

La complejidad estructural de una cinta de Moebius es la metáfora que rige el propósito y el montaje de la exposición Pantalla Global. Una exposición   que, como la famosa cinta sin principio ni fin, nos propone un recorrido por uno de los fenómenos más inquietantes de nuestro tiempo: la imparable proliferación de pantallas y su omnipresencia en nuestras vidas.

“Cuando la pantalla se convierte en mundo, cuando el mundo se convierte en pantalla”, con este lema escrito en un rótulo luminoso de tecnología LED comienza la exposición Pantalla Global. La frase discurre sin parar ante nuestros ojos como si fuera una reflexión fugaz que nos adelanta el contenido de la muestra que puede visitarse en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona  (CCCB) hasta el 28 de mayo; y, desde el mes de julio al mes de septiembre, en el Museo de San Telmo de Donostia-San Sebastián.

La exposición ha sido coproducida  por ambas instituciones y cuenta con el comisariado del filósofo-sociólogo Gilles Lipovetsky, el especialista en cine y literatura Jean Serroy y el artista, profesor y realizador Andrés Hispano.  La idea de representar la influencia que la proliferación de pantallas ha adquirido en el mundo contemporáneo articula este proyecto expositivo en tres niveles: por una parte, la exposición propiamente dicha, que se despliega en una suerte de pantalla continua  formada por  las secciones temáticas y las imágenes que integran la tesis de la muestra; por otra parte, una plataforma virtual que consiste en una extensión web de la muestra, abierta a la participación creativa mediante la aportación de vídeos que se exhiben en la red y en la exposición, a modo de “contracampo” o “lectura 2.0” de la áreas  temáticas que vertebran el evento expositivo. Y, finalmente, la creación de un archivo que recopilará todo el material y todo el conocimiento acumulado durante la experiencia, tras la itinerancia internacional de la exposición, que se espera iniciar en la ciudad mexicana de Monterrey a partir de 2013.

Una nueva cultura

El guión de la muestra y las tesis que la sustentan se basan en el libro publicado en 2007 por Gilles Lipovetsky y Jean Serroy bajo el título La pantalla global, cultura mediática y cine en la era hipermoderna (Anagrama, 2009). De algún modo, pues, la exposición es una materialización en imágenes de este libro, que gira en torno al papel que el cine ha jugado en la conformación del mundo contemporáneo en todos los aspectos hasta llegar al todopantalla actual, que, para los autores, caracteriza a la que de manera imprecisa llaman “sociedad hipermoderna”: una especie de superación de la posmodernidad a base de ampliar aún más sus presupuestos como mecanismo de huida hacia adelante frente a la propia incertidumbre que emana de la inconsistencia del capitalismo como sistema de organización socioeconómica.

En cualquier caso, el resultado de este proceso gradual y expansivo de pantallización del mundo – que, en realidad, ha emergido en poco más de un siglo como consecuencia de la incesante renovación tecnológica-  está conduciendo a la humanidad  hacia una mutación antropológica de gran calado,  aunque, en principio, solo revista las cualidades de  la creación de una “nueva cultura” mediada a través de ese rectángulo mágico  que, desde el trabajo al ocio, pasando por la información y las relaciones sociales,  condicionan -para bien o para mal- tanto la vida cotidiana como la realidad perceptiva y sustancial.

Desfile audiovisual

Otro de los aspectos interesantes de Pantalla Gobal es el modo de articular temáticamente el contenido de la exposición para transmitir, a través del montaje audiovisual, esa idea general de la pantalla como un dispositivo tecnológico que todo lo abarca y todo lo invade. Así pues,  a un preámbulo llamado “El imperio de las estrellas” -que sirve para destacar de manera genérica la influencia del cine mencionada-, le siguen seis argumentos audiovisuales desglosados en seis formas en las que la pantalla adquiere una entidad propia: “La pantalla historia”, “La pantalla política”, “La pantalla deporte”, “La pantalla publicidad”, “La pantalla exceso” y “La pantalla vigilancia”.

Cierra la exposición un ámbito llamado “La pantalla juego” que, a través de una recreación proporcionada por mecanismos de realidad aumentada, conduce a una reflexión final que, más que dirigirse a la idea de ocio que se atribuye a los videojuegos, plantea la interacción entre la realidad física y la realidad virtual como uno de los dilemas que, en esencia, da sentido a todo el conjunto de la exposición.

Sin embargo, hay una “pantalla” que puede echarse de menos en el recorrido que propone la muestra: es “La pantalla informativa”. Es decir, la que representaría de forma expresa a los medios de comunicación. Claro que bien se puede argumentar que información en estado puro o impuro es algo que, por definición, emana siempre de toda pantalla y que, de un modo u otro, la “pantalla política” o la “pantalla historia” ya recogen ese aspecto con creces… Pero, aún así, cuesta dejar de pensar en el busto parlante informativo o desinformativo como arquetipo de comunicación que, por lo demás, ha evolucionado en el tiempo hasta adoptar formas tan sofisticadas como la transmisión en directo a través de la televisión de la Guerra del Golfo de 1990-91.

No en vano, este evento televisivo fue considerado en su momento como un punto de inflexión en las técnicas o tácticas informativas y, sin duda, contribuyó a tomar conciencia de que la pantalla  en cuestión  había entrado ya con un pie demasiado firme en este proceso complejo e irreversible que la exposición Pantalla Global propone descifrar.

La pantalla integrada

Si hubiera que escoger una fecha para señalar el momento que mejor nos sitúa ante el abrumador paisaje actual formado por todo tipo de pantallas, esta fecha sería el año 1991 y, en concreto, la presentación al público de la World Wide Web que tuvo lugar ese año.  Sin embargo, recurrir a Internet no debe entenderse como el recurso fácil y tópico en el que se puede encontrar la explicación de todo.

En lo que se refiere a la “pantallización del mundo” –una  caracterización que comenzó a generalizarse en el campo de la sociología, precisamente, en la década de 1990-,  la irrupción de Internet en el ámbito ciudadano adquiere un papel tanto simbólico como conceptual, en la medida de que ha sido la evolución de Internet la que ha propiciado que, hoy en día, sea plausible hablar de lo que podríamos denominar “la pantalla integrada” para referirnos a la sofisticada concurrencia tecnológica de todos los dispositivos  telemáticos en un solo terminal, sea cual sea su formato o su función.

Este terminal único es en realidad una vieja aspiración de la tecnología no sólo en términos de eficacia sino también de prestigio. Al fin y al cabo, este tipo de logros son los que le permiten adoptar con firmeza eslogans del tipo: “El mundo al alcance de su mano”. Ni que decir tiene que la materialización más acabada por el momento de esta nueva “pantalla integrada” se encuentra en la nueva generación de televisores digitales con acceso a Internet y en los smartphones más avanzados. Objetos ambos que ya son de consumo bastante generalizado en las sociedades industrializadas.

El hecho de que, en un solo dispositivo, se pueda concentrar la posibilidad de  captar y emitir  imagen y sonido, de acceder a la telefonía  -y al espacio radioeléctrico en general-  además de conectarse a la red de internet y almacenar gran cantidad de datos, ha llevado a hablar, por ejemplo,  en términos como postelevisión o posfotografía, sobre todo en relación con el uso que la sociedad venía haciendo de estos medios en un pasado aún muy reciente.

En el caso de la televisión, la cuestión se puede vislumbrar con claridad en la medida que ha perdido su posición hegemónica para pasar a formar parte de la pantalla integrada junto a los otros medios. Sin embargo,  esa pérdida de hegemonía es tan solo aparente, ya que se trata tan sólo de un desplazamiento. No en vano,  la televisión es  la que mejor promete actuar como terminal único. Y es que, ciertamente,  la televisión ya poco tiene que ver con el medio  tal y como la hemos conocido; pero no porque haya ido a menos, sino porque se ha diversificado para ir a más. La televisión, hoy por hoy,  se simboliza así misma a través de YouTube y de todos los tubes habidos y por haber.

La tentación de identificar esta pantallización con alienación es algo que siempre está presente en las mentes críticas, y nunca estará de más que así sea. Pero, el doble filo que siempre ofrece la tecnología, también llama a explorar  -y a explotar- su dimensión de interconectividad  en favor de lograr pautas  emancipadoras. Este propósito es desde hace tiempo un hecho más que patente en el seno de los movimientos sociales en relación con las nuevas tecnologías. Y es, también,  el hecho que mejor explica el porqué los anhelos de estos movimientos siempre oscilan entre el deseo de libertad y la resistencia o el rechazo de todo control social, incluido el que se establece a través de la tecnología y de la multiplicación de pantallas.

 

 

 

Exponer la tecnología

“Si reunir las imágenes adecuadas es un problema y presentarlas de un modo revelador es la cuestión, nos queda aún otro reto: cómo reunir las imágenes suficientes sin que sean demasiadas, sin apabullar al visitante con la sensación de que un mundo pantalla significa el colapso perceptivo”. Estas palabras de Andrés Hispano, uno de los comisarios de la exposición Pantalla Global, muestran bien la dificultad que entraña el emprender la tarea de mostrar una cosa tan viva, compleja y discutible como es cualquier producto que emana directamente de la tecnología. Como también nos recuerda Hispano, en 1999, el CCCB presentó la exposición Mundo TV. La cultura de la televisión con el propósito de ofrecer un análisis de la influencia de la TV en la vida social y su implantación como lenguaje planetario. Un proyecto similar, pues, al proyecto expositivo de Pantalla Global.

Tras esta exposición, que quedó aislada en el tiempo, en 2010, se celebraron también en Barcelona dos exposiciones que coincidieron casi en las mismas fechas y abordaron el mismo tema: la relación entre arte y televisión. Se trata de la muestra TV/ARTS/TV, la televisión tomada por los artistas, que se celebró en el centro Arts Santa Mónica y de ¿Estáis listos para la televisión? que tuvo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba). Ambas gozaron de un despliegue de medios importante, pero quizás por ello mismo, pecaron de la sobreabundancia de material y, especialmente, en el caso de la muestra del Macba, de falta de un planteamiento sólido. Tal vez fue por eso por lo que la exposición pasó por la ciudad  sin pena ni gloria.

Pero, quizás el mejor ejemplo de lo que no debe ser una exposición rendida a los negocios de la tecnología, por más que se vista de evento cultural, se encuentra de nuevo estos días en el centro Arts Santa Mónica bajo el título Mòbil-U, conectividad, sociedad, creatividad. La exposición, patrocinada por la compañía Vodafone, y comisariada por Caroline Ragot (que ocupa el cargo de  estratega tecnológica de la empresa de empleo temporal Infojobs), fue inaugurada coincidiendo con el Congreso Mundial de Móviles que se celebró recientemente en el recinto ferial de Barcelona.

Como no podía ser menos, pues, la muestra fue presentada a la prensa como “la primera exposición sobre teléfonos móviles del mundo”. Y, a la vista está, el recorrido por la muestra denota la  ausencia de toda crítica (ni tan siquiera a la parte de trabajo infantil que hace posible que los móviles existan y se vendan) mientras ensalza las marcas y la fascinación por las nuevas aplicaciones,  a pesar de la insistencia de la comisaria de que su propósito no ha sido más que mostrar “la parte humana de la tecnología” y el modo en que “los móviles facilitan la vida de las personas”.  Pero el caso es que esta exposición no va a ser la única del mismo género. La marca Movistar ya ha anunciado la creación del Museo del Móvil en el edificio de Telefónica de la Puerta del Ángel de Barcelona. Tenemos móvil para rato.

Alfonso López Rojo

Semanario Directa, núm. 268, abril de 2012

www.setmanaridirecta.info

Pantalla Global

Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona

C. Montalegre, 5. Hasta el 28 de mayo.

San Telmo Museoa. Plaza Zuloaga, 1

Donostia-San Sebastián. De julio a septiembre.

Extensión de la exposición en Internet:

http://pantallaglobal.cccb.org/es/

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